TUMBAS DE TIRO.
En el antiguo Occidente de México los ancestros tuvieron una
importancia fundamental en el devenir de los vivos y en su concepción del
tiempo y del espacio. Un conglomerado de prácticas y diversas formas de arte
testimonian esta cosmovisión, compartida durante más de dos milenios por los
pueblos portadores de la tradición de tumbas de tiro.
se ubica entre 300 a.C. y 600 d.C.
abarcó la mitad meridional de Nayarit, Jalisco, Colima y zonas colindantes de Zacatecas y de Michoacán.
Éstas
constituyen un tipo peculiar de arquitectura en donde los difuntos de la
sociedad en su conjunto fueron depositados en compañía de variadas ofrendas,
entre las que se encuentran espléndidas esculturas de estilo naturalista y
vasijas cerámicas que figuran una composición geométrica del universo. En
términos básicos, una tumba de tiro consiste en un pozo o tiro vertical en cuya
base se abre una cámara, un lugar con techo abovedado y piso plano, en donde
los muertos y sus ajuares usualmente no eran cubiertos con tierra o piedras, es
decir se conservaba el espacio hueco, mientras que el tiro era rellenado y la
entrada a la cámara bloqueada con lajas de piedra, ollas o metates.
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